Triste historia de nuestro Ecuador, diera la impresión de que mientras más prosperan nuestras originarias, tribus, más predominaban también el colonialismo, el feudalismo y la esclavitud.
Siempre fue así, los maravillosos trabajos de nuestros indios y sus laboriosas fachadas de piedra talladas que creaban preciosas iglesias, el remar sol a sol hasta el desfallecimiento, el labrar la tierra con sus encallecidas manos, todo este esfuerzo no ha sido el sinónimo de prosperidad, sólo ha representado la esclavitud del que labora y el triunfo de la clase predominante. El avance de la ciencia y el progreso tecnológico, como cosa del destino que jamás podremos comprender ha sido pagado por el pueblo en tributos e impuestos, pero las condiciones de vida se mantienen: Analfabetismo, semifeudalísmo y dependencia.
El Tratado de la Real Audiencia de Quito del año 1563 y la formación como República el año 1830, no ha sido tampoco motivo para la paralización y fortalecimiento de un sistema que criminalmente sigue clavando sus garras, llenas de odio y codicia en contra de las clases populares. Las reglas del juego se han mantenido, la prepotencia y el despotismo por un lado y la miseria y el hambre por otro.
En pleno siglo XX, los recursos de nuestro Ecuador siguen siendo explotados, los monopolios siguen avanzando, eso es indudable, pero también es indiscutible, que el hombre del pueblo ha mantenido su dignidad, ha intentado oponerse con la rebeldía que caracteriza a nuestra raza. No será fácil para la clase oligárquica seguir manteniendo el esquema. El cambio de estructuras se impone y cada paso que den las clases populares en ese sentido será el justo premio del destino a los valores humanos de un pueblo que tendrá que terminar con las características del cobarde imperio formado.
Pese a todas las contingencias del destino el Pueblo Ecuatoriano ha sido y es un pueblo amante de la libertad, y en las grandes fechas de nuestra historia libérrima, hemos puesto muestro mayor acento de orgullo: 10 de Agosto de 1809, 9 de Octubre de 1820, 24 de Mayo de 1822, 27 de Febrero de 1329. 5 de Junio de 1895. 29 de Abril de 1979, y muchas otras fechas en que este pueblo ecuatoriano ha demostrado tener no sólo una presencia geográfica sino también una presencia histórica, ascendente, que debemos forjarla cada día más, no por prepotencia sino precisamente para no ser pasto de ninguna prepotencia ajena.
El pueblo del Ecuador ha demostrado que no sólo quiere existir sino que quiere ser.
En la época constitucional algunas connotaciones esenciales se han dado. El mismo hecho de la fundación de la República tiene importancia, por ser el principio jurídico del proceso de independencia política nacional en la institucionalización de una forma de estado basado en la legalidad constitucional. Es el intento arduo y fatigoso de la afirmación democrática inicialmente formal, sustentada en el equilibrio e independencia de las funciones estatales y la culminación de una instancia histórica. Nacimos a la República como resultado de la frustración del sueño de Bolívar en la unidad Gran Colombiana, pero sin jamás abandonar los ideales del Libertador y como resultante, no de la imposición de nadie, sino de la íntima convicción democrática del pueblo ecuatoriano.
En la época republicana algunos pasos se han dado para terminar con el esquema planteado; La Revolución de Alfaro es una de las muestras de que la organización popular en busca de la solución de sus problemas puede aniquilar la estructura socio-económico montada. Desgraciadamente esta transformación fue truncada, pues sus ideas fueron trastocadas y utilizadas por aquellos que representan precisamente lo contrarío a. sus ideales.
Luego de 150 años de vida republicana, el Ecuador se encuentra con un pueblo que habla, con un pueblo que polemiza, con un pueblo al que no de le puede ni debe cambiar la historia por la fábula. Y esto es algo positivo. Ya que es un pueblo al que no se le puede ocultar la verdad y al que no se le puede destruir con la mentira. La derecha económica que ayer fungía de rectora de la opinión, tendrá que ser en el proceso histórico la esperma derretida en la gran llama de la pasión democrática del pueblo ecuatoriano.
A los 150 años de República, Ecuador no mira con nostalgia el pasado. A los 150 años de una República que nace invocando el derecho, la injusticia, la libertad y derrotando en el transcurrir de los años la apostasía de los perjuros, se yergue un país que proclama su mestizaje y que busca en la forja del sentir nacional y de la cultura propia, las raíces de una personalidad histórica que nos permita hablar en nuestra América cobriza, no sólo del nuevo mundo, del nuevo Continente, con apelativo Geográfico, sino del Continente nuevo que siente universal al hombre, rompe las cadenas del dogmatismo político, doblega al fanatismo y nos da el hallazgo de ese hombre que ama la justicia y la libertad.
Luego de 150 años de vida republicana nuestro pueblo debía tener una esperanza, debía tener una fuerza moral que proyecté e impulse una transformación social, y el pueblo la encontró un 10 de Agosto de 1979, soberanamente con la mayor votación de la historia dada en nuestros días, sentó en el sillón presidencial al más grande demócrata de América, el Dr. Jaime Roldós Aguilera.
Surgió Roldós y surgió la necesidad del cambio socio-económico del sistema imperante. Las clases oligárquicas sintieron y presumieron la pérdida de sus privilegios, crearon una pugna de poderes con la finalidad de desestabilizar la democracia; obviamente la finalidad de Roldós era otra: La liberación nacional. Roídos encontró respiro y el mejor aliado en su pueblo, ideó la creación de una nueva organización política, pero ésta no nació con la base ideológica que él inspiraba, y antes de que el Presidente y el Pueblo reaccionen, funcionaron los intereses del imperialismo y Roldós encontró la muerte. Los privilegiados querían matar la transformación, querían matar la esperanza popular.
Muerto Roídos, la derecha ecuatoriana capta la organización política que el Presidente había ideado. Organización que por no guardar las bases ideológicas de su creador no responde al interés popular.
Por todos estos antecedentes históricos, surge el Partido Roldosista Ecuatoriano. Es que mataron a Roldós, pero sus ideales quedan; es que mataron a Roldós, pero la esperanza vive; es que mataron a Roldós, pero la llama rebelde de su sueño sigue iluminando al Pueblo Ecuatoriano.
SALUDOS FRATERNALMENTE:
GLAYTON CARRASCO MEZA